Una multitud honró a María del Rosario de San Nicolás

Una multitud, estimada en más de 350.000 devotos, participó este martes en la ciudad de San Nicolás de las celebraciones por el 29º aniversario del “acontecimiento mariano” de María del Rosario.

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La fiesta en honor de la Virgen comenzó a la hora cero con una oración del obispo de San Nicolás de los Arroyos, monseñor Héctor Sabatino Cardelli, que pese al frío, reunió a numerosos fieles, en su mayoría jóvenes.

Las celebraciones, que llevaron por lema «Madre, bendice nuestra Patria», se realizaron en el “campito” de la Virgen, junto al santuario que las autoridades eclesiásticas esperan concluir el año próximo.

A las 14.57, la imagen de

la Virgen con el Niño Jesús, coronada hace tres años, salió del templo en medio de una lluvia de pétalos de rosas, mientras una marea humana acompañaba su paso con aplausos, exhibía pancartas con su procedencia y agitaba pañuelos y banderines celestes, blancos y rosados.

La imagen mariana junto con otra de San Nicolás de Bari, patrono local, ingresó por un pasillo abierto entre la gente hasta el campito, donde el obispo presidió la misa.

Homilía

Allí, monseñor Cardelli pidió evitar las «diferencias de orden social» y exhortó a “ser generosos con el que está necesitado”, para que no se desaten «los rencores, las rivalidades, las desconfianzas y los abusos de autoridad, el creernos mejores, superiores e infalibles».

El prelado consideró que “hoy es un día de gracia, de gloria, porque estamos aquí al pie de la Madre y estamos aquí abiertos a Jesucristo. Digámosle que sí a la Palabra”.

“Vamos a comenzar en pocos días el Año de la Fe que nos propuso Benedicto XVI. Vamos a vivir dentro de pocos días también la beatificación de una Hija de esta Iglesia. María Crescencia, una chica humilde, sencilla, enclaustrada

mucho tiempo de su vida enferma, que no trascendió en las noticias oficiales pero que a los ojos de Dios llevaba adelante el cumplimiento de la voluntad de Dios y era amado”, recordó.

“Amar más allá de sus fuerzas físicas, amar más allá de la entrega. Y así como la violeta esparce su perfume sin verse la flor, no fue necesario verla a ella sino aspirar ese perfume de santidad que fluyó de ella a partir del ejercicio del amor cotidiano, personal, en la rutina diaria, amando al enfermo, al moribundo y entregándose por ellos. Un fruto de la Iglesia en Argentina, de la provincia de Buenos Aires, de nuestra diócesis de nuestra Iglesia local, que está allí, expuesto a nuestra admiración”, precisó.

Por último, monseñor Cardelli exhortó a vivir con una profunda decisión de seguir escuchando la Palabra y aplicándola a nuestra vida, para que como María podamos decir: ‘He visto maravillas’: Hizo maravillas porque me contagió su vida, me llenó de su alegría y me fortaleció en la tribulación”.+

Fuente: AICA

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