Un ángel de Claypole en el cielo

Hipólito Fernández

En el Cottolengo de Claypole siempre se dijo que Hipólito Fernández era “una institución dentro de la institución”, o que era “parte del hermoso paisaje del lugar”. Era el residente más antiguo.

Al ingresar a la Ciudad de la Caridad uno siempre se lo cruzaba paseando, yendo a misa, o simplemente sentado frente a su hogar, saludando respetuoso a quienes pasaban por allí.

Había nacido el 2 de febrero de 1926 en la ciudad entrerriana de Concordia, y durante su infancia contrajo una meningitis que afectó su vista.

En 1940, el mismo año en que fallecía Don Orione,  llegó a Claypole acompañado por su padre y por León Gallardo, uno de los arquitectos encargados de diseñar el Cottolengo.

Desde entonces toda su vida transcurrió junto a los residentes de la institución donde tuvo la contención, el amor y afecto de la familia orionita.

El Hermano Miguel Ángel, responsable en la institución del Hogar Canaveri donde vivió Hipólito, nos cuenta que fue un referente de la buena memoria: “él recordaba con exactitud historias ocurridas en el Cottolengo, fechas de inauguración de hogares, y anécdotas que uno generalmente olvida. Por eso cuando teníamos alguna duda recurríamos a él para consultarlo. Era muy bondadoso, y tenía necesidad de afecto. Le gustaba mucho que lo visiten”.

Los testimonios sobre Hipólito por parte de quienes lo conocieron en el Cottolengo son acompañados con expresiones de cariño, como el de la fonoaudióloga Nancy Gilardino al destacar “su memoria y la forma de relatar hechos que nos hacía imaginarlos”; o de la enfermera Mónica Garro, quien lo recordará siempre “con su radio colgada al pecho y sus gestos de amabilidad y respeto”.

Julia Cardozo, quien lo atendía todos los días en el Hogar Canaveri, cuenta que “nos quería mucho a las auxiliares del hogar. Siempre nos daba las gracias por todas las atenciones que le hacíamos. Todas las mañanas yo le preparaba el mate porque le gustaba tomarlo bien temprano. Rezaba en todo momento y nunca faltó a misa. Yo siento que la mañana que se descompuso nos estaba esperando para despedirse, porque se fue cuando todas las auxiliares de la mañana ingresamos a trabajar”.

Hipólito Fernández falleció el 9 de abril, y en Claypole todos tienen la certeza que Don Orione dibujó una sonrisa amplia en el cielo para recibir a uno de sus ángeles predilectos.

 

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