Un 23 de junio nacía Don Orione

El 23 de junio de 1872 hubo alegría y fiesta en casa de Carolina Feltri y Vittorio Orione: nacía el cuarto hijo, al que bautizaron Juan Luis Orione.

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El 23 de junio de 1872 nacía en Pontecurone, al norte de Italia, Juan Luis Orione.

El pequeño Luigi Era el cuarto hijo de doña Carolina y don Vittorio. Con el tiempo su amor por Jesús, y el amor de Jesús por él, haría de aquel niño en pañales un Santo para la Iglesia y para toda la humanidad.

Algunas noches lo vieron acostado sobre la tarima del altar; otra vez en un comedero de animales llevado, seguramente, por el amor de quien había nacido en un pesebre.

De su simple conversación se traslucía una vida prodigiosa. En su interior ardía un amor que no le daba tregua ni un solo instante, provocándole a veces el estremecimiento del éxtasis y un estado de soberana libertad propio de quien se dedica totalmente al alma y a Dios.

Siendo ya un joven seminarista, no podía admitir que hubiera niños en la calle, dando vueltas por ahí, sin educación o sin alimento. De allí que sus primeras acciones estuvieran claramente destinadas a ellos.

Cuentan que al abrir el primer colegio para chicos pobres en 1893 sabía perfectamente que, antes que nada, debía dar de comer. De hecho, aquellos primeros cuarenta niños provenientes de la más extrema miseria traían consigo serios problemas de desnutrición. Y era Don Orione en persona quien se ponía a servir las mesas mientras les daba ánimo: “Coman muchachos, que pan y pasta hay toda la que quieran”.

Mayor compasión aun despertarían en él las víctimas de los terremotos producidos a principios de siglo XX en las ciudades italianas de Messina o La Mársica, o las terribles consecuencias de la guerra. Allí sus oídos, que de por sí ya estaban atentos, duplicarían su capacidad de escucha ante los gemidos de aquellos que –habiendo tenido la suerte de sobrevivir- morirían de hambre o frío.

Cuando vislumbraba el ocaso de su vida, y le aconsejaban fervientemente que fuera a vivir a un lugar mucho más cuidado, decía con absoluta sinceridad: “Soy un pobre hijo de la tierra, mi padre era picapedrero, toda mi familia era pobre; si debo salir de aquí, quiero ir a morir entre los pobres… Quiero morir rodeado de aquellos niños que no tienen a nadie”.

Luis Orione supo dar respuesta al sufrimiento de los niños de su tiempo y desde lo más concreto: casa, techo, plato de comida, educación… lo que se dice un amor de esos que no se quedan en meras palabras. Un verdadero Grande entre los más Pequeños.

Fundó nuestra congregación, la Pequeña Obra de la Divina Providencia, para ponerla al servicio de los que más sufren. Visitó y vivió en nuestro país al que consideró su segunda patria, donde inició obras que continuaron y extendieron hasta hoy sus hijos.

Su fallecimiento en San Remo, Italia, el 12 de marzo de 1940 es sólo una anécdota porque su alma sigue viva en todo el mundo a través de sus obras de caridad.

Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 26 de octubre de 1980, y canonizado por el mismo pontífice el 16 de mayo de 2004 en el Vaticano.

El 29 de agosto de 2000 su corazón llegó en un relicario para residir definitivamente en el Cottolengo de Claypole, provincia de Buenos Aires, en el santuario que lleva su nombre y es lugar de peregrinación de los fieles.

Su cuerpo permanece incorrupto en el Santuario Nuestra Señora de la Guardia, en la ciudad italiana de Tortona.

Italia cuenta con muchas personas enamoradas de Dios, personas fuertes en medio de grandes sufrimientos, amantes hasta la locura, castas, serenas en medio de las tempestades, creativas y hasta poetas: Don Luis Orione era una de ellas.

Hoy es un día especial para los orionitas, porque al celebrar un nuevo aniversario de su nacimiento, elevamos nuestras almas y agradecemos a Dios por habernos dado en San Luis Orione la luz que nos guía.

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