El Papa, mi amor mas dulce y mas grande

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El 27 de febrero, la familia de Don Orione le agradecerá al Papa Benedicto XVI por su ministerio y cariño. Y el 28, hará una jornada de oración. Por ello, buy viagra cialis levitra que mejor que escuchar las palabras de Don Orione, para juntos prepararnos.

En una carta, escrita en ocasion de la Navidad de 1922, Don Orione nos comparte su amor por el Papa y la Iglesia
…”Mírame, Señor, a

save on auto repairs y a mis hermanos según la grandeza de tu bondad y la multitud de tus misericordias… Protege y conserva el ánimo de tu mínimo siervo en medio de tantos peligros de la vida caduca; y, con la ayuda de tu gracia, guíalo por el camino de la paz a la patria de la luz perpetua. Así sea” (Imitacion de Cristo 1. 3, 59).

 

En este suspiro de toda alma y en la divina armonía de nuestras almas, que es la mutua y fraterna caridad, les ruego, hijos y hermanos míos, que me perdonen por amor a Dios mi gran ignorancia y negligencia y todas mis faltas contra ustedes y los malos ejemplos que les he dado, todo sufrimiento y toda amargura que pueda haberles causado, no sólo durante este año que está por terminar sino durante toda mi vida; les pido humildemente perdón como lo haría si estuviese cerca de la muerte.

Y ahora los abrazo espiritualmente “in osculo sancto” (con el beso santo) a todos y cada uno, y los animo a la práctica de la virtud, hijos míos, que son mi alma: Y los exhorto a tener siempre grandísima confianza en la Divina Providencia, y a amarse, hijos míos, a amarse unos a otros, y amar mucho a las Almas, las Almas!, buscando especialmente a los humildes y pequeños abandonados.
 
Este es el deseo ardiente de mi alma; pero, primero, mi amor más dulce y mayor es el Papa, o sea Cristo: el Papa, para mí y para ustedes, es el mismo Jesucristo: “el dulce Cristo en la tierra”, decía Catalina de Siena. Amar al Papa es amar a Jesucristo. De ahí que tenemos que considerar como una gracia muy particular el desgastar, consumar y dar la vida humildemente y fidelísimamente, a los

pies de la Iglesia y por la Santa Iglesia, por los Obispos y por el Papa.

Y así, los Hijos de la Divina Providencia, con la ayuda de Dios, crean, esperen, luchen, sufran y amen: fieles a la acción interior y misteriosa del Espíritu y de aquella eterna Verdad que nos hace libres; guiados por el magisterio auténtico, viviente y único infalible de la Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana; en un espíritu de amor, de comunión suave, sagrada, fraterna!
 
Ceñidos los lomos” y teniendo en la mano las “lámparas encendidas”: con la mirada y los corazones hacia arriba, a la Virgen celestial, caminen confiados por el camino recto del Señor: y crecerán en todo, hasta llegar a Aquél que es nuestra Cabeza, o sea, Jesucristo. – Por la Iglesia y por el Papa subamos hasta Cristo!

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