Con el amor de Jesús

En el Día del Papa, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, compartimos una reflexión sobre el amor de Don Orione por el Vicario de Cristo.

Día Del Papa Con el amor de Jesús02

Por P. Fernando Fornerod fdp

Jesús. Papa. Almas. María. Cuatro palabras que son un todo un programa. Don Orione las escribía al inicio de sus cartas, documentos y de sus escritos programáticos fundamentales. Son un resumen de las notas características de su espiritualidad. Las relaciones que se establecen entre ellas, hacen que la espiritualidad, centrada en Jesús y María, sea la única fuerza de la praxis orionita.

A su vez, la relación Papa-pobres, marca el estilo y horizonte de toda acción y pasión pastoral. En particular, último binomio, hace que todo cristiano, discípulo del Señor como María, cifre el seguimiento de su Maestro en la búsqueda y en el servicio de todo hombre “desamparado” de la Providencia del Padre. Los “desamparados” son hoy, como dice nuestro Papa Francisco, los “descartados”.

Es decir, todas las personas que sufren algún tipo de exclusión de comunidad humana; en cualquiera de sus formas. Hoy ellos forman pueblos enteros. A esa frontera, y más allá aun, la Iglesia es llamada a vivir el amor como realidad de una nueva condición: ser casa, comunión, en una palabra: comunidad.

A lo largo de su vida, Luis Orione buscó y trabajó para asegurar la libertad de la persona y de la misión del Santo Padre. Evidentemente esta experiencia influyó en la centralidad que esta figura tiene en el carisma orionita. No menos, lo hizo también su experiencia de la caridad hacia los pobres: los sirvió siendo él mismo pobre.

Ambas realidades, lo llevaron a comprender que el Papa, necesita la libertad suficiente para manifestar el amor de Jesús por cada hombre y por todos los pueblos.

El Resucitado llama a Pedro a seguirlo, asumiendo también la entrega de la Cruz, (Jn 21,22). Don Orione también quiere asociarse a este seguimiento petrino haciéndose un instrumento de la Iglesia. Para que el hombre “desamparado” y los pueblos que marchan “como ovejas sin pastor”, sientan que Cristo los ama, en el servicio sin límites de Pedro “dulce Cristo en la tierra”.

Por ello, para Don Orione, la Iglesia es depositaria, no de una esperanza utópica y alienante: ella es portadora de la respuesta que en Cristo ilumina el sentido de la historia. En una palabra, los pobres, los desamparados, los pueblos descartados, encontrarán en la Iglesia, de la que Pedro es el primer servidor, la experiencia de ese amor que libera y salva.

Fidelidad al papa y caridad

Nuevamente Juan hacia el final de su Evangelio manifiesta en un modo estupendo la vocación a la que Pedro ha sido llamado por Cristo.

Entendemos el ministerio del Papa como un confirmar y conservar la fe de la Iglesia, y de entregarla pura e íntegra a las futuras generaciones. Sin embargo, en la escena evangélica, esto se afirma con un cierto matiz: para Juan el amor a Cristo expresa la más alta y profunda madurez de la fe en él. «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». (Jn 21,15). Pedro es llamado a testimoniar un amor especial por la Iglesia: el amor de Jesús por ella.

La antigua polémica de la exaltación de la autoridad del Papa, confundida con la defensa de la libertad de la Iglesia, y de una visión universalista de la sociedad, se resuelve en el modelo de una Iglesia centrada en la comunión. El Papa, para Don Orione, es el primer testigo de la diaconía de la caridad. Y en él, la Iglesia entera está llamada a seguir esta experiencia: ella atraviesa todas las realidades ministeriales del Pueblo de Dios. Marca la dirección, el sentido y la fuerza con la que deben ser vividas.

Luis Orione para su familia quiso dos votos para sus religiosos y religiosas: el de fidelidad al Papa y el de caridad. Ambos expresan el completo espíritu de su carisma, y manifiestan de modo admirable los aspectos esenciales del misterio de la Iglesia.

Papa Francisco, al presentarse por primera vez a la multitud en Plaza San Pedro, lo hizo usando la expresión de Ignacio de Antioquía: soy el obispo de la Iglesia de Roma; la que preside en la caridad.

Hoy como ayer, los que formamos parte de esta Familia Orionita, sentimos renovada nuestra vocación y misión: amar a todos, para ser Iglesia, con un amor verdadero y grande: el de Jesús.

Fuente: Revista don Orione N° 57

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